Rodríguez-Delzo, E.; Edinso; Rodríguez Maciel, J.; Concepción2*, Díaz de la Cruz, Jaime B3.

1 Estudiante de posgrado en Fitosanidad, mención Entomología-Acarología, convenio UNCP-Perú y COLPOS-México, Av. Mariscal Castilla N° 3909 El Tambo, Huancayo, Perú.

2 Posgrado en Fitosanidad-Entomología y Acarología, Colegio de Posgraduados, México

3 Coordinador del Convenio Específico UNCP-Perú y COLPOS-México, Carretera México-Texcoco km. 36.5, Montecillo, Texcoco 56264, Estado de México, México.

*Autor de correspondencia: concho@colpos.mx, conchomexico@hotmail.com

La piña es uno de los cultivos más importantes de la Selva Central del Perú y sustenta la economía de miles de familias productoras. En los últimos años, el aumento del rendimiento ha consolidado esta región como la principal zona productora del país. Sin embargo, este avance convive con importantes desafíos fitosanitarios. Entre las principales amenazas destacan la broca del fruto, la mosca de la fruta, la cochinilla harinosa, así como diversos hongos fitopatógenos, nematodos y bacterias, cuya presencia afecta la producción, la calidad del fruto y la sostenibilidad del cultivo. Se examina la creciente dependencia del combate químico para el manejo de plagas y sus consecuencias: residuos de plaguicidas por encima de los límites permitidos, riesgos para la salud de productores y consumidores, contaminación ambiental y pérdida de competitividad comercial. Frente a este escenario, se plantea fortalecer el manejo integrado de plagas, promover el uso de productos registrados, respetar las dosis, las frecuencias y los intervalos de carencia, e impulsar prácticas que mejoren la inocuidad y el acceso a nuevos mercados.

Introducción

La piña, Ananas comosus, es una especie originaria de Sudamérica (Borjas-Ventura et al., 2020). En la Selva Central del Perú, especialmente en Satipo, Chanchamayo y Oxapampa, este cultivo se ha convertido en la principal fuente de ingresos de más de 2,000 productores. Entre 2015 y 2024, la superficie sembrada de piña en el país aumentó de manera moderada, pero el crecimiento más notable se observó en la productividad: el rendimiento por hectárea se incrementó de forma marcada respecto de 2015, de acuerdo con las estadísticas oficiales de producción agrícola del MIDAGRI/SIEA, que reportan superficie cosechada, producción y rendimiento por cultivo (Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego [MIDAGRI], 2026; Sistema Integrado de Estadística Agraria [SIEA], 2025). En este contexto, la Selva Central concentra los mejores resultados productivos del país, con rendimientos superiores al promedio nacional, lo que confirma su papel estratégico en la oferta peruana de piña (SIEA, 2025).

Este desempeño no responde únicamente a condiciones agroclimáticas favorables. También influyen la mecanización de labores, el uso de densidades de siembra más altas, la adopción de la variedad Golden Sweet (MD2) y la mejora de diversas prácticas agronómicas (Rojas Alejandro, 2014; Manuvi-Salas, 2015). No obstante, el crecimiento productivo plantea nuevos retos. La presión de plagas y enfermedades, sumada a la limitada implementación de programas de manejo integrado de plagas, ha reforzado la dependencia del control químico. Por ello, conocer con mayor precisión el estado fitosanitario del cultivo resulta fundamental para diseñar estrategias de manejo sostenibles que protejan la rentabilidad de los productores, la salud de los consumidores y la calidad ambiental.

Fotografía 1. Pobladores originarios de la Selva Central realizando el control de malezas en una plantación de piña.

El cultivo como contribución económica para las familias

Debido a sus condiciones agroecológicas, la Selva Central encuentra en la piña una de sus principales opciones de diversificación económica. Miles de pequeños productores de la Selva Central participan en esta cadena, especialmente en Junín y Pasco, donde se impulsa la producción de piña Golden MD2 como fuente de ingresos, identidad territorial y oportunidad de desarrollo rural (Proyecto Especial Pichis Palcazú [PEPP], 2025; PortalFruticola.com, 2024). Sin embargo, los daños causados por plagas no solo reducen la producción, sino que también favorecen el uso indiscriminado de plaguicidas. En ese contexto, comprender con mayor profundidad el estado fitosanitario del cultivo es indispensable para impulsar un manejo sostenible, basado en productos autorizados, dosis adecuadas y frecuencias de aplicación técnicamente justificadas.

Impacto social de la actividad en la comunidad

En la Selva Central del Perú, el cultivo de piña constituye, en muchos casos, la principal actividad agrícola de los pequeños y medianos productores. Sus ingresos no solo cubren las necesidades básicas, sino que también generan empleo directo e indirecto y dinamizan la economía regional. Sin embargo, esta importancia social convive con una vulnerabilidad persistente frente a plagas y enfermedades que reducen la calidad del fruto y afectan los rendimientos. Ante esa presión, se ha extendido el uso indiscriminado de plaguicidas, una práctica que incrementa el riesgo para quienes los manipulan y para los consumidores que adquieren la fruta.

Los riesgos asociados a los plaguicidas son múltiples y afectan tanto al productor como al consumidor. Uno de los problemas más visibles es la disposición inadecuada de envases vacíos, que suele pasar inadvertida pese a su impacto en el suelo, el agua y otros componentes del ecosistema. Aunque se trata de una problemática compleja, es posible avanzar con medidas concretas: usar únicamente plaguicidas registrados por el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (SENASA), respetar las dosis, la frecuencia de aplicación y los intervalos de carencia, y asegurar una disposición final adecuada de los envases. Estas acciones reducen los riesgos sanitarios y ambientales y fortalecen la sostenibilidad de la producción.

Fotografía 2. Pobladores del Distrito de Pichanaki en el Mercado N°2 adquiriendo piña para consumo.

Estado situacional del control químico en la producción de piña

Principales plagas y enfermedades de la piña

En la Selva Central del Perú, el cultivo de piña está expuesto a diversas plagas y enfermedades a lo largo de todo su ciclo productivo. Algunas afectan directamente el fruto, otras comprometen el vigor de la planta, facilitan infecciones secundarias o reducen la productividad del cultivo. Entre los problemas fitosanitarios más importantes se encuentran los siguientes:

Broca o barrenador de la piña (Strymon megarus): lepidóptero de la familia Lycaenidae que daña el fruto en floración durante su fase larvaria, causando deformación y pérdida del fruto (Arellano et al., 2015; Servicio Nacional de Sanidad Agraria [SENASA], 2020).

Mosca de la fruta de la piña (Melanoloma viatrix): antes M. conopilosum, ataca principalmente los frutos en maduración, provocando pérdidas directas de calidad y de producto (Arellano et al., 2015).

Cochinilla harinosa (Dysmicoccus brevipes): es la plaga más preocupante, no solo por las hormigas que la movilizan y cuidan, sino también por ser vector del virus PMWaV, capaz de provocar el “marchitamiento de la piña” y de diseminarse fácilmente a otros campos (Arellano et al., 2015; Carrasco-Lozano et al., 2025; SENASA, 2020).

Además de los insectos plaga, el cultivo enfrenta enfermedades y otros organismos que también afectan su sanidad y productividad:

Phytophthora nicotianae y P. cinnamomi: provocan pudrición de raíces y tallos (Arellano et al., 2015; Manuvi-Salas, 2015).

Thielaviopsis paradoxa: responsable de la pudrición negra (Arellano et al., 2015).

Fusarium oxysporum: genera marchitez y muerte de plantas (De-La-Torre, 2024; SENASA, 2020).

Talaromyces funiculosus: antes Penicillium funiculosum, produce pudrición y deterioro del fruto (Arellano et al., 2015).

Nematodos: Meloidogyne, Rotylenchus, Pratylenchus y Helicotylenchus pueden afectar el vigor de la planta (Julca-Otiniano et al., 2001).

Bacterias: Erwinia carotovora y Erwinia chrysanthemi causan pudrición bacteriana (De-La-Torre, 2024).

La identificación oportuna de estos problemas es esencial para la toma de decisiones fitosanitarias en campo. Un diagnóstico adecuado permite seleccionar medidas de manejo más eficaces y reducir las intervenciones innecesarias.

La cochinilla harinosa: más que una plaga

La cochinilla harinosa de la piña no solo causa daño directo al alimentarse de la savia, sino que también desempeña un papel central en la transmisión de agentes virales asociados al marchitamiento del cultivo. Estudios recientes realizados en la Selva Central muestran que esta plaga está asociada a los virus PMWaV-1, PMWaV-2 y PMWaV-3, del género Ampelovirus. Perú, junto con Colombia, se encuentra entre los pocos países en los que se ha reportado la presencia de las tres especies virales, lo que subraya la relevancia fitosanitaria de este problema (Carrasco-Lozano et al., 2023, 2025).

D. brevipes tiene un ciclo de vida de aproximadamente tres meses; se ha reportado una longevidad promedio de 95 días, y su dispersión natural ocurre principalmente mediante las ninfas móviles o “crawlers”, por lo que su desplazamiento propio es limitado (Egelie & Gillett-Kaufman, 2015; Mau & Kessing, 2007). Sin embargo, su importancia aumenta debido a la relación mutualista que mantiene con ciertas hormigas, las cuales facilitan su movilidad y su establecimiento en el cultivo. Esta interacción, sumada a su papel como hospedero y probable vector de virus, convierte a la cochinilla en una plaga clave en el sistema productivo de la piña y exige medidas de manejo oportunas y específicas (Egelie & Gillett-Kaufman, 2015).

Impacto de las Plagas en la Producción

El cultivo de piña es uno de los principales motores económicos de la Selva Central. Por ello, cualquier reducción del rendimiento o de la calidad del fruto repercute directamente en los ingresos familiares y en la dinámica económica regional. La presencia de plagas como la cochinilla, los nematodos y otros organismos fitófagos constituye una limitación importante para mantener niveles adecuados de producción.

En muchos casos, las aplicaciones de plaguicidas se realizan de manera preventiva y calendarizada, sin una evaluación previa de la población de plagas ni de los umbrales de daño económico. Esta práctica puede ofrecer una sensación inmediata de control, pero favorece el uso excesivo de insumos, incrementa los costos y compromete la sostenibilidad del sistema productivo.

Aunque los plaguicidas pueden reducir temporalmente la incidencia de plagas, su uso excesivo, en dosis elevadas o con frecuencias superiores a las recomendadas, incrementa la probabilidad de residuos tóxicos en el fruto. Esto afecta la salud del productor, expone al consumidor y altera el equilibrio ecológico del agroecosistema.

Fotografía 3. Operarios haciendo aplicaciones de plaguicidas sin las medidas mínimas de protección

Problemas de residuos de plaguicidas

La Selva Central concentra la mayor parte de la producción nacional de piña, por lo que los problemas de inocuidad asociados al cultivo trascienden el ámbito local (SIEA, 2025). De acuerdo con reportes del SENASA, una proporción importante de las muestras de piña evaluadas presentó resultados no conformes por exceder los límites máximos de residuos, e incluso se detectaron ingredientes activos prohibidos para uso agrícola. Este escenario evidencia que la problemática no se limita al manejo en campo, sino que afecta directamente la seguridad alimentaria y la confianza en el producto.

Otros análisis recientes refuerzan esta preocupación al mostrar muestras con uno o varios ingredientes activos por encima de los límites permitidos, en algunos casos con incrementos extremadamente altos respecto del valor aceptable. Estos hallazgos sugieren fallas en la selección de productos, en las dosis aplicadas o en el respeto de los intervalos de carencia y ponen en evidencia un riesgo real tanto para el productor como para el consumidor final.

Cuadro 1: Residualidad de plaguicidas de uso agrícola por ingrediente activo detectada en muestras de piña del Perú.

Cuadro 1: Residualidad de plaguicidas de uso agrícola por ingrediente activo detectada en muestras de piña del Perú.
Ingrediente activo (i.a.) Subgrupo Estado del plaguicida # TMA # MNC LMR permitido (ppm) LMR detectado (ppm) Incremento sobre LMR permitido (%) Fuente
Carbofuran Carbamato – 1A Prohibido 92 1 No aplica *
Clorpirifos Organofosforado – 1B Prohibido 9 2 0.010µ 0.014 – 0.046 No aplica **
Ometoato Permitido 9 3 0.010ф 0.047 – 0.160 370 – 1500
Dimetoato Permitido 9 2 0.010α 0.010 – 0.024 0 – 140
Cipermetrina Piretrina – 3A Permitido 9 1 0.050β 0.070 40
Lambda cihalotrina Permitido 9 4 0.010ϴ 0.060 – 0.760 500 – 7500
α: LMR permitido en algodón para el control de pulgón (Aphis gossypii); β: LMR permitido en papa en el control de mosca minadora (Liriomyza huidobrensis); ϴ: LMR permitido en piña en el control de broca de la piña (Strymon megarus); ф y µ: LMR mencionado por Delgado-Zegarra (2025). MNC: muestras no conformes. TMA: total de muestras analizadas. LMR: límite máximo de residuos. Subgrupo: IRAC (2025).
Fuente: *SENASA (2024); **Delgado-Zegarra (2025).

La situación se agrava por la escasa diversidad de subgrupos químicos disponibles para el control de las principales plagas de la piña. Esta oferta limitada favorece el uso repetido de los mismos ingredientes activos y aumenta el riesgo de selección de poblaciones resistentes. En ese contexto, la rotación por modo de acción, el uso racional de los productos registrados y la integración de tácticas no químicas dejan de ser recomendaciones generales y se convierten en condiciones necesarias para preservar la eficacia del control a corto y mediano plazo.

Riesgos para la Salud del Consumidor

El uso inadecuado de plaguicidas incrementa la probabilidad de que los frutos presenten residuos por encima de los límites máximos permitidos. Incluso los ingredientes activos autorizados pueden convertirse en un problema cuando se aplican sin criterio técnico, con dosis excesivas o sin respetar los periodos de espera previos a la cosecha. La exposición crónica a residuos de plaguicidas representa una preocupación especial para las poblaciones vulnerables y obliga a reforzar la vigilancia, la capacitación y las buenas prácticas agrícolas. En consecuencia, la inocuidad no debe entenderse como un atributo accesorio del producto, sino como una condición esencial para proteger la salud pública.

Fotografía 4. Vendedora de piña en rodajas para su consumo inmediato por el público.

Consecuencias Ambientales

Los residuos de plaguicidas constituyen una de las principales fuentes de contaminación asociadas a la producción agrícola intensiva. En el Perú, además, el problema se agrava por la circulación de productos ilegales o altamente peligrosos, cuyo uso incrementa los riesgos para la salud y el medio ambiente. La presencia de estos insumos en el mercado dificulta la trazabilidad, debilita el control sanitario y favorece prácticas de manejo inseguras.

Por su naturaleza química y su persistencia en ciertos ambientes, los plaguicidas pueden contaminar el suelo, el agua y los alimentos. En la provincia de Satipo se han reportado afectaciones a fuentes de agua vinculadas a esta problemática. Cuando las aplicaciones se realizan sin control de la dosis, de las mezclas o de la frecuencia, los residuos persisten más tiempo y continúan afectando distintos componentes del ecosistema. De este modo, el impacto ambiental del manejo fitosanitario inadecuado trasciende el predio agrícola y compromete la sostenibilidad del territorio.

Soluciones para el manejo de plagas

El control químico debe entenderse como una herramienta de último recurso en el manejo de plagas, y no como la respuesta automática ante cualquier amenaza fitosanitaria. Antes de recurrir a él, es necesario considerar medidas preventivas, culturales, biológicas y de monitoreo que actúen sobre el cultivo, el ambiente y las poblaciones de plagas. La integración de estas tácticas es la base del Manejo Integrado de Plagas (MIP), un enfoque que busca mantener las poblaciones por debajo del umbral económico, reducir las pérdidas productivas y disminuir los riesgos para la salud y el ambiente.

Foto 05. Cultivo de piña en la Selva Central del Perú.

Conocer el umbral económico de una plaga permite decidir cuándo una intervención química está realmente justificada. En la Selva Central, varias plagas que afectan a la piña aún carecen de estudios locales que definan con precisión los niveles de infestación tolerables antes de que se produzcan pérdidas económicamente significativas. Esta falta de información limita la toma de decisiones y favorece aplicaciones innecesarias. La experiencia de otros países muestra que el monitoreo sistemático y el establecimiento de umbrales pueden mejorar notablemente la eficiencia del manejo.

Umbral Económico

“Es la densidad poblacional de la plaga donde se debe iniciar la acción de control para evitar que la población sobrepase el Nivel de Daño Económico en el futuro” (Hruska y Rosset 1987).

Reducir el daño económico, ambiental y sanitario asociado a las plagas exige fortalecer la investigación aplicada sobre umbrales de acción, monitoreo, tácticas preventivas y la eficacia real de los productos registrados. Evitar el uso indiscriminado de plaguicidas no solo protege la salud del consumidor y del productor, sino que también mejora la sostenibilidad del cultivo y preserva la funcionalidad del agroecosistema.

Uso de Productos Registrados

El uso de plaguicidas en piña debe realizarse solo cuando exista una necesidad técnica comprobada y siempre con productos registrados para el cultivo. Esta condición reduce el riesgo de aplicaciones ineficaces, de residuos no autorizados y de daños ambientales. Además, fortalece la trazabilidad del manejo fitosanitario y mejora la confianza en la calidad del producto.

Emplear productos autorizados, respetar las dosis indicadas, mantener la frecuencia de aplicación dentro de los rangos recomendados y observar los intervalos de carencia son prácticas básicas para asegurar la inocuidad de la fruta y reducir la contaminación ambiental.

Respeto a las Dosis y Frecuencia de Aplicaciones

Respetar la dosis y la frecuencia de aplicación es indispensable para evitar excesos toxicológicos y reducir la presencia de residuos en los frutos. Estas dos variables determinan en gran medida la seguridad del tratamiento y su impacto en el ambiente.

La aplicación correcta de estas recomendaciones contribuye a disminuir los niveles de residuos de plaguicidas, a mejorar la calidad del fruto y a reducir el riesgo para el consumidor. Al mismo tiempo, favorece una producción más eficiente y con mejores perspectivas comerciales.

Intervalo de Carencia como Fortaleza para la Sostenibilidad.

El intervalo de carencia es el tiempo que debe transcurrir entre la última aplicación de un producto fitosanitario y la cosecha. Su cumplimiento permite reducir los residuos hasta niveles compatibles con la inocuidad alimentaria. En consecuencia, respetar este intervalo no solo protege la salud pública, sino que también mejora la calidad comercial de la piña.

En la producción de piña, el respeto de los intervalos de carencia es fundamental para garantizar un fruto apto para el consumo y con mejores posibilidades de inserción en mercados exigentes. Su cumplimiento reduce riesgos sanitarios y puede traducirse en beneficios económicos para los productores.

Una propuesta complementaria es el intervalo precautorio, entendido como un periodo adicional de seguridad previo a la cosecha. Durante este lapso se priorizan productos autorizados con periodos de carencia muy cortos o nulos y se extreman las precauciones para disminuir aún más los residuos del manejo convencional. Esta práctica refuerza la inocuidad del producto y ofrece una herramienta útil para sistemas que buscan cumplir con estándares de calidad más exigentes (Rodríguez-Maciel et al., 2024).

La adopción de esta práctica puede facilitar la inserción de la piña de la Selva Central en mercados con mayores exigencias regulatorias y comerciales, tanto a escala local como regional e internacional.

Beneficios económicos de prácticas sostenibles

El cumplimiento de buenas prácticas en el uso de plaguicidas genera beneficios que trascienden el predio agrícola. Por un lado, mejora la salud pública y reduce la contaminación ambiental; por otro, fortalece la imagen del productor y eleva el valor comercial de la fruta. Un producto inocuo y de calidad permite acceder a mercados más exigentes y reduce los riesgos laborales asociados a la manipulación irresponsable de plaguicidas.

Dado que la Selva Central es la principal zona productora de piña del país, consolidar un manejo fitosanitario responsable resulta clave para fortalecer toda la cadena de valor. Utilizar solo productos registrados, respetar las dosis, las frecuencias y los intervalos de carencia, y priorizar prácticas sostenibles sientan las bases para una producción más competitiva, segura y con proyección hacia mercados nacionales e internacionales.

Fotografía 6. Estiva de piña para los principales mercados del país.

Aumento en la Calidad de la Producción

En la Selva Central del Perú, la piña es una de las principales fuentes de ingreso para las familias rurales. No obstante, la presión de plagas y el uso inadecuado de plaguicidas pueden comprometer la inocuidad del fruto y afectar su calidad comercial. Un manejo responsable, basado en productos registrados, dosis correctas, frecuencias justificadas e intervalos de carencia estrictamente respetados, contribuye directamente a mejorar la calidad del producto final.

Mejorar la calidad del fruto es un factor decisivo para ampliar las oportunidades comerciales. Cuando la calidad se articula con la inocuidad, la piña de la Selva Central puede fortalecer su posicionamiento y diferenciarse como un producto tropical de alto valor en mercados cada vez más exigentes.

Acceso a Nuevos Mercados

Para miles de agricultores, la piña es una de las principales fuentes de ingresos. Sin embargo, el estado fitosanitario del cultivo y la presencia de residuos de plaguicidas pueden limitar su competitividad comercial. La inocuidad del producto se ha convertido en un requisito central para sostener y ampliar los mercados.

Por ello, el uso de productos registrados, la aplicación de dosis y frecuencias adecuadas y el respeto del intervalo de carencia son medidas que reducen los residuos peligrosos y elevan la calidad de la fruta. Este conjunto de prácticas no solo protege al consumidor, sino que también facilita el acceso a nuevos mercados y mejora las perspectivas económicas del sector.

Promoción de Piñas de Calidad e Inocuas

La piña constituye una fuente central de ingresos para numerosos agricultores de la Selva Central. Por ello, proteger la producción exige un manejo fitosanitario responsable, basado en el uso de productos registrados, el respeto de las dosis y las frecuencias de aplicación y la observancia del periodo de carencia. Una piña con bajos niveles de residuos protege la salud de consumidores y productores y mejora sus posibilidades de comercialización.

En ese sentido, la piña producida en la Selva Central puede posicionarse como un producto de calidad e inocuidad verificables. A largo plazo, este atributo puede convertirse en una ventaja competitiva para fortalecer su reconocimiento en los mercados nacionales e internacionales.

Estrategias de Mercadeo

La comercialización de la piña se desarrolla en un mercado altamente competitivo, dominado por grandes exportadores internacionales. En ese escenario, la Selva Central no solo debe pensar en el mercado de fruta fresca, sino también en oportunidades vinculadas a productos deshidratados y otros derivados. Sin embargo, estas posibilidades dependen de una condición básica: ofrecer un producto de calidad consistente e inocuidad demostrable.

La calidad y la inocuidad deben convertirse en ejes centrales de la estrategia comercial del cultivo. Un mejor estado fitosanitario fortalece la negociación, mejora la reputación del producto y facilita la apertura de nuevas áreas de comercialización.

Para reducir los problemas de residuos de plaguicidas, es indispensable utilizar únicamente productos registrados para el cultivo y la plaga objetivo, respetar las dosis establecidas, no exceder la frecuencia de aplicación y cumplir estrictamente con el intervalo de carencia. Estas medidas repercuten directamente en la calidad de la piña, favorecen su valor económico y mejoran sus posibilidades de inserción en nuevos mercados.

Certificaciones de Calidad

La obtención de piñas inocuas y de calidad puede traducirse en beneficios económicos concretos para los productores, al facilitar el acceso a mercados con mayores exigencias sanitarias y comerciales. Además, fortalece la competitividad del sector y crea condiciones favorables para la adopción de certificaciones vinculadas a buenas prácticas agrícolas y a la sostenibilidad.

Fotografía 7. Piñas Golden MD2, listas para su transporte a los mercados de la capital.

Para alcanzar ese objetivo, se requieren criterios claros de manejo agronómico y fitosanitario. La aplicación adecuada de plaguicidas, el respeto a las dosis, la frecuencia y el intervalo de carencia, así como la adopción de buenas prácticas agrícolas, son condiciones esenciales para responder a la demanda de los mercados nacionales e internacionales y ofrecer al consumidor un producto confiable.

Conclusión

La piña de la Selva Central del Perú ocupa hoy un lugar estratégico en la economía agraria regional y nacional. Su expansión productiva demuestra la capacidad de adaptación de los productores y el potencial de un cultivo que genera empleo, dinamiza los mercados y sostiene a miles de familias. Sin embargo, ese avance convive con una fragilidad fitosanitaria que no puede ignorarse. La presencia de plagas y enfermedades, junto con la dependencia del control químico, ha favorecido prácticas de manejo que comprometen la inocuidad del fruto, la salud de productores y consumidores y la calidad del ambiente. Los reportes sobre residuos de plaguicidas por encima de los límites permitidos muestran que el problema ya no es solo agronómico, sino también sanitario, económico y social. Frente a este escenario, la respuesta no consiste en eliminar el control químico, sino en integrarlo de manera racional en estrategias de manejo integrado de plagas. Esto implica monitoreo, definición de umbrales de acción, uso exclusivo de productos registrados, respeto de dosis, frecuencias e intervalos de carencia, y una mayor inversión en capacitación e investigación aplicada. Si estas medidas se fortalecen, la piña de la Selva Central podrá consolidarse no solo como un cultivo rentable, sino también como un producto seguro, competitivo y ambientalmente responsable.

Referencias

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