De los estantes al universo digital: la reinvención de la Biblioteconomía en la era de la información
La Biblioteconomía no fue absorbida por las Ciencias de la Información: aprendió a moverse en un mundo nuevo. De los estantes físicos a los repositorios digitales, de los catálogos impresos a los algoritmos de búsqueda, esta disciplina amplió sus fronteras sin perder su misión esencial: acercar el conocimiento a las personas. Para sostener esta idea, se revisan su evolución histórica, el debate sobre subordinación, inclusión e independencia disciplinaria, y los retos actuales vinculados con la alfabetización informacional, la inteligencia artificial, la inclusión, la sostenibilidad y la colaboración profesional.
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Introducción
Hubo un tiempo en que imaginar una biblioteca era pensar en pasillos silenciosos, estantes ordenados y libros cuidadosamente clasificados. Hoy, esa imagen sigue viva, pero ya no alcanza para describir lo que ocurre con el conocimiento. La información viaja por bases de datos, repositorios digitales, plataformas académicas, redes sociales, archivos electrónicos y sistemas automatizados que sostienen la educación, la investigación, la administración pública, la economía digital y buena parte de la vida cotidiana. En ese escenario, la relación entre la Biblioteconomía y la Ciencia de la Información se vuelve fundamental para comprender cómo las sociedades construyen, organizan, almacenan, procesan, recuperan y utilizan el conocimiento.
Para evitar confusiones terminológicas, este documento emplea la expresión Biblioteconomía como término principal. Se usan Bibliotecología o Ciencia de la Biblioteca cuando así aparecen en la literatura iberoamericana citada, y Ciencia de la Información cuando se alude al campo amplio e interdisciplinario dedicado al estudio de la información. Esta precisión importa porque no estamos ante un simple cambio de nombre, sino ante una discusión de fondo: dónde terminan y dónde comienzan disciplinas que comparten historia, problemas y responsabilidades.
La definición clásica de Harold Borko abrió una puerta decisiva: la Ciencia de la Información fue presentada como el estudio de las propiedades, el comportamiento, el flujo, el procesamiento, la recuperación y el uso de la información, en diálogo con la biblioteconomía, la informática, la lingüística, la psicología, la comunicación y la gestión (Borko, 1968). Años más tarde, Tefko Saracevic explicó que este campo creció al calor de la explosión informativa, del avance de la recuperación documental y de la necesidad social de organizar información en entornos tecnológicos cada vez más complejos (Saracevic, 1995, 1999).
Lejos de anunciar la desaparición de la Biblioteconomía, esta mirada permite reconocer su fuerza histórica. La disciplina conserva una tradición indispensable: organizar documentos, mediar entre usuarios y recursos, diseñar servicios de acceso y defender el conocimiento como bien público. Shera y Cleveland señalaron que la Ciencia de la Información surgió de la documentación y de la ciencia bibliotecaria, manteniendo problemas centrales —lectura, almacenamiento, selección, transmisión y uso de documentos—, aunque replanteados ante nuevos medios y mayores escalas de circulación informativa (Shera & Cleveland, 1977).
En el contexto iberoamericano, la discusión también ha sido intensa. Linares Columbié ordenó el debate en tres grandes modelos: subordinación, exclusión e inclusión. López Yepes, por su parte, subrayó la necesidad de integrar la Biblioteconomía, la Documentación y la Ciencia de la Información en un marco teórico común que reconozca tanto sus diferencias como sus puntos de encuentro (Linares Columbié, 2004; López Yepes, 2011). Por ello, la pregunta central de este ensayo no es si la Biblioteconomía fue absorbida por la Ciencia de la Información, sino cómo se ha entrelazado con un ecosistema disciplinario más amplio, tecnológico e interdisciplinario.
Desde esa relación, el futuro de la biblioteca y de la profesión bibliotecaria exige una doble tarea: proteger su raíz humanística y, al mismo tiempo, fortalecer competencias digitales, desarrollar nuevas habilidades y participar activamente en sociedades que necesitan información confiable, pensamiento crítico e inclusión.
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El proceso de expansión y convergencia
La Biblioteconomía nació con una misión aparentemente sencilla, pero profundamente social: ordenar colecciones, facilitar el acceso a los documentos y conectar a las personas con aquello que necesitan saber. Su historia estuvo ligada al libro impreso y a la biblioteca como institución educativa, cultural y comunitaria; sin embargo, su labor nunca se redujo a custodiar objetos en estantes. Desde el inicio implicó seleccionar, preservar, clasificar, circular y poner al servicio público los documentos (Gómez Hernández, 1999; Shera & Cleveland, 1977).
En la segunda mitad del siglo XX, el panorama cambió de manera acelerada. La producción científica se multiplicó, aparecieron nuevos soportes documentales y la automatización transformó las búsquedas de información. La llamada “explosión de la información” obligó a formular preguntas nuevas: cómo reunir datos, cómo recuperar documentos, cómo interpretar grandes volúmenes de información y cómo hacerlo más allá de la biblioteca tradicional. En ese contexto, la Ciencia de la Información se consolidó como un campo interdisciplinario centrado en el flujo de información y en los sistemas de recuperación documental (Borko, 1968; Saracevic, 1995, 1999).
Las Ciencias de la Información ampliaron el mapa. Ya no se trataba solo de estudiar bibliotecas, sino de comprender cómo se crea, organiza, representa, almacena, recupera, interpreta, usa y gestiona la información en archivos, centros de documentación, repositorios digitales, bases de datos, plataformas web y redes académicas. Esa expansión incorporó aportes de la informática, la lingüística, la psicología cognitiva, la comunicación, la administración y los estudios sociales de la tecnología (Casoariego, 2008; Saracevic, 1995).
Por eso, la relación entre Biblioteconomía y Ciencias de la Información se entiende mejor como una expansión y una convergencia, no como una absorción. La Biblioteconomía aportó bases sólidas para organizar el conocimiento, describir documentos, normalizar procesos, atender usuarios y garantizar servicios de acceso. Las Ciencias de la Información, en cambio, ofrecieron un marco más amplio para estudiar cómo circula la información en ambientes digitales, instituciones complejas y sociedades cada vez más conectadas.
La literatura especializada ha observado esta relación desde ángulos distintos. Algunos autores consideran que la Biblioteconomía queda subordinada a un campo informacional más amplio; otros proponen un modelo de inclusión, donde Biblioteconomía, Documentación y Ciencia de la Información comparten un espacio común; y una tercera postura defiende que cada disciplina mantiene su independencia, aunque con conexiones estrechas. Estas posiciones muestran que el debate sigue abierto y que depende tanto de fundamentos epistemológicos como de transformaciones institucionales, tecnológicas y profesionales (Linares Columbié, 2004; López Yepes, 2011; Rendón Rojas, 2017).
Así, las ideas de subordinación, inclusión e independencia no describen una sustitución simple de una disciplina por otra. Funcionan más bien como lentes para interpretar la identidad de la Biblioteconomía dentro de un espacio informacional digital, interdisciplinario y en movimiento constante.
Este recorrido histórico y conceptual deja una idea clara: el futuro de la Biblioteconomía no depende de abandonar su tradición, sino de actualizarla. Sus principios profesionales son especialmente valiosos frente a problemas contemporáneos como la desinformación, la desigualdad de acceso, la inteligencia artificial y la preservación de la memoria colectiva.
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El futuro de la Biblioteconomía
Aunque las Ciencias de la Información han ampliado el campo, la Biblioteconomía conserva una función estratégica: garantizar que el acceso al conocimiento sea equitativo, confiable y significativo. En una época de sobreabundancia informativa, brechas digitales, desinformación e innovación tecnológica acelerada, las bibliotecas siguen siendo espacios de aprendizaje, memoria, inclusión y participación ciudadana. La Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA, 2018) destaca que el campo bibliotecario comparte, a escala global, el compromiso con el acceso libre e igualitario a la información, la alfabetización, la innovación digital y la colaboración profesional.
Desde esta perspectiva, el futuro de la Biblioteconomía puede imaginarse como una agenda de acción en cinco frentes, donde sus fundamentos históricos dialogan con las demandas más urgentes de la sociedad de la información:
- Reafirmación de su papel social: Las bibliotecas físicas, digitales e híbridas continúan siendo puertas de entrada al conocimiento, la investigación, la educación, la lectura, la memoria y la vida comunitaria. Su valor no está solo en lo que guardan, sino en lo que permiten descubrir, aprender y compartir (IFLA, 2018; UNESCO, 2023).
- Organización, clasificación, catalogación y curaduría de la información: En la sociedad digital, saber describir, ordenar y hacer visible la información es más urgente que nunca. Los conocimientos bibliotecarios sobre metadatos, estándares de interoperabilidad y recuperación documental son claves para que el conocimiento no se pierda en el ruido informativo (Calderón-Rehecho, 2019). Esta función se vincula con los marcos de alfabetización informacional de la Association of College and Research Libraries (ACRL, 2016) y de la UNESCO (2021).
- Adaptación a las nuevas tecnologías: La inteligencia artificial, el aprendizaje automático, el análisis de datos y los sistemas de recomendación pueden enriquecer los servicios bibliotecarios. Sin embargo, también plantean preguntas decisivas sobre privacidad, sesgos, transparencia y confiabilidad de la información producida por máquinas (Alonso Arévalo & Quinde Cordero, 2024; Universidad Nacional Autónoma de México, 2023).
- Inclusión, diversidad y sostenibilidad: Las bibliotecas del futuro deberán consolidarse como espacios inclusivos, interculturales y sostenibles, capaces de reducir brechas de conocimiento y fortalecer sociedades más participativas. UNESCO e IFLA han subrayado su papel en la construcción de sociedades del conocimiento inclusivas y sostenibles (UNESCO, 2023; IFLA, 2018).
- Trabajo interdisciplinario: La labor bibliotecaria necesitará dialogar con la educación, la ciencia de datos, la comunicación, los archivos, las humanidades digitales y la gestión del conocimiento. Solo mediante esa colaboración será posible enfrentar problemas complejos de acceso, preservación, evaluación y uso responsable de la información.
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Conclusión
En conclusión, el desarrollo de las Ciencias de la Información no significa el final de la Biblioteconomía, sino su transformación. La disciplina ha pasado de organizar colecciones físicas a participar en un ecosistema amplio de producción, circulación y uso del conocimiento. Sus aportes esenciales —organización documental, mediación, preservación, servicio público y formación de usuarios— siguen vigentes, pero ahora deben responder a los retos de la digitalización, la inteligencia artificial, la desinformación y la desigualdad en el acceso. Su futuro dependerá de unir tradición profesional e innovación tecnológica, fortalecer la alfabetización informacional y participar en redes interdisciplinarias que mantengan el conocimiento como un bien público, accesible, confiable y socialmente significativo. Por eso, más que hablar de absorción, conviene hablar de evolución: la Biblioteconomía se redefine, amplía sus herramientas y confirma su valor social en el centro de la cultura informacional contemporánea.
Referencias
Alonso Arévalo, J., & Quinde Cordero, M. (2024). El papel de las bibliotecas en la era de la inteligencia artificial (IA). Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, 127, 27–37.
Association of College and Research Libraries. (2016). Framework for information literacy for higher education. American Library Association. https://www.ala.org/acrl/standards/ilframework
Borko, H. (1968). Information science: What is it? American Documentation, 19(1), 3–5. https://doi.org/10.1002/asi.5090190103
Calderón-Rehecho, A. (2019). Pero… ¿tienen futuro las bibliotecas? Anuario ThinkEPI, 13. https://doi.org/10.3145/thinkepi.2019.e13b02
Casoariego, J. (2008). Bibliotecología y Ciencia de la Información: enfoque interdisciplinario. ACIMED, 18(5). http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1024-94352008001100002
Gómez Hernández, J. A. (1999). Biblioteconomía: conceptos básicos de gestión de bibliotecas (2.ª ed.). DM.
International Federation of Library Associations and Institutions. (2018). Global vision report summary. https://www.ifla.org/global-vision-report-summary/
Linares Columbié, R. (2004). Bibliotecología y Ciencia de la Información: ¿subordinación, exclusión o inclusión? ACIMED, 12(3).
López Yepes, J. (2011). Hacia la integración de los estudios de Bibliotecología/Documentación/Ciencia de la Información en América Latina: Problemas epistemológicos. Repositorio IIBI UNAM.
Rendón Rojas, M. Á. (Coord.). (2017). La archivística y la ciencia de la información documental: Autonomía e interdependencias. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información. https://doi.org/10.22201/iibi.9786070295027e.2017
Saracevic, T. (1995). Interdisciplinary nature of information science. Ciência da Informação, 24(1), 36–41.
Saracevic, T. (1999). Information science. Journal of the American Society for Information Science, 50(12), 1051–1063. https://doi.org/10.1002/(SICI)1097-4571(1999)50:12<1051::AID-ASI2>3.0.CO;2-Z
Shera, J. H., & Cleveland, D. B. (1977). History and foundations of information science. Annual Review of Information Science and Technology, 12, 249–275.
UNESCO. (2021). Media and information literacy curriculum for educators and learners: Think critically, click wisely! UNESCO Publishing. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000377068
UNESCO. (2023). UNESCO-IFLA advocate libraries in advancing inclusive knowledge societies and sustainable development. https://www.unesco.org/en/articles/unesco-ifla-advocate-libraries-advancing-inclusive-knowledge-societies-and-sustainable-development
Universidad Nacional Autónoma de México. (2023). Ineludible: uso de la IA para mejorar los servicios bibliotecarios. Dirección General de Comunicación Social. https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2023_799.html

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